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viernes, 2 de marzo de 2012

Discursos

Discursos. Otra vez los discursos sin que nadie analice la relación entre la realidad, lo que de ella se dice,  los intereses de quién lo dice y las expectativas de quienes escuchan.
Discursos grandilocuentes repletos de porcentajes que pretenden que esa parte de la realidad se interprete como la única realidad. Todo argumentado en comparaciones poco pertinentes en ese afán de mantener convencidos a los creyentes aún a riesgo de distanciarse más y más de los incrédulos.
Los resultados de estas maniobras son siempre los mismos. Entre los acólitos hay algunos que piensan y otros que no, algunos que esperan su momento en las filas de esa tropa para pegar el zarpazo y quedarse con todo y otros que se contentan con las palabras y creen ciegamente en su líder. Tarde o temprano, toda religión que evangeliza sólo a sus creyentes, termina por empequeñecerse. El juego de convencer a los -hoy muchos-convencidos, seduce a los tiranos pero acogota la tiranía. Para ellos, para los tiranos, la duda y los nuevos paradigmas son el germen de la propia decadencia, pero la tentación es tan grande...
Toda teoría se sostiene desde un ideario con lo que a mayor amplitud y contradicción del mismo, mayor margen de maniobra para hacer y deshacer a destajo, para argumentar y contraargumentar caprichosamente, total, nadie va a detenerse a pensar que las flagrantes contradicciones, la infantil omisión de responsabilidades y aún la mentira, forman parte del dogma sobre el que se evangeliza.
Hemos vuelto atrás en la cultura, hemos resucitado estúpidos argumentos sobre las características de la actividad docente, prejuicios inverosímiles dignos de los ignorantes más abyectos (y tal vez esgrimidos como argumentos para que esos mismos ignorantes, subyugados por el carisma  juzguen injustos los reclamos justos de toda justicia de los docentes); hemos retrocedido porque se palpa, se ve y se siente que la salud y la educación públicas de las que se declaman porcentuales de mejoría siguen siendo tareas pendientes que sugerirían mejor reemplazar la ineptitud de quienes conducen estas áreas en lugar de convertirse en elogios para con ellos; hemos retrocedido porque sigue habiendo hambre y miseria en la argentina, porque sigue habiendo injusticia en los tribunales y silencio en quienes deben debatir las cosas de cara a la sociedad. Hemos retrocedido porque seguimos enarbolando banderas de toda la sociedad como méritos propios de un gobierno, con la soberbia de arrogarse cierta propiedad sobre derechos humanos y malvinas pero los derechos humanos actuales (no sólo los de 1970 a 1980) siguen vulnerandose a diestra y siniestra y nuestros excombatientes reales siguen siendo ocultados cuan hijos leprosos dentro de esta bendita sociedad. Y hemos retrocedido porque el 10%, el 24,4%, el 35,7% y el mismísimo 100% de nada siguen dando nada.
Ser justo sería valorar avances en algunas cuestiones y plantear acciones para avanzar en otras. Ser humilde sería hablar con la otra mitad de los argentinos que no están de acuerdo con el modo en que se hacen aquí las cosas. Ser honesto sería dejar que la realidad sea para poder modificarla y no pretender que la mirada ciclopea y torpe de los cortos de vista sea la única visión posible de la realidad.
Después de todo, los injustos, los soberbios y los corruptos, al negar tanto su conciencia, terminan siendo unos pobres animalitos de Dios.
Chau.